NATURALEZA Y CREACIÓN

Para la tradición judeocristiana, decir “creación” es más que decir “naturaleza”. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona. La creación, en cambio, es vista como un regalo de Dios. Realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.

Por otra parte, el pensamiento judeocristiano desmitificó la naturaleza. Esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso sin límites.

La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva. Sin embargo, puede también agregar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos.

LOS SERES VIVOS NO SON COSAS

El ser humano implica una novedad no plenamente explicable por la evolución. Consideramos al ser humano como sujeto y nunca puede ser reducido a la categoría de objeto.

Pero sería erróneo pensar que los demás seres vivos deban ser considerados como meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana. El ideal de Jesús está en las antípodas de semejante modelo.

VER A DIOS EN TODAS LAS COSAS

El ser humano es imagen de Dios. Eso no debería llevarnos a olvidar que todo el universo material refleja el amor de Dios. Ese amor inspira en nosotros el deseo de adorar al Señor en todas sus criaturas y juntamente con ellas.

Todo es hechura de Dios y, por eso, todos formamos una especie de familia universal. Esto no significa olvidar la especificidad del ser humano. Como tampoco puede llevarnos a una divinización de la tierra.

DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

Nuestra responsabilidad es cuidar de la creación, no olvidando la dignidad de la persona humana. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en peligro de extinción, mientras permanece indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada.

Cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie queda excluido de esa fraternidad. El corazón es uno solo. La misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en relación con el ser humano.

FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD PRIVADA

Creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es una herencia común. Por consiguiente, todo planteo ecológico debe tener una vertiente social. La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó siempre su función social.

El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Nadie puede apropiárselo en beneficio exclusivamente propio.

PARA QUE DIOS SEA TODO EN TODOS

Jesús estaba lejos de las filosofías dualistas que más tarde desfiguraron el Evangelio. Jesús trabajó con sus manos, santificando de este modo el trabajo.

Pero el Nuevo Testamento no solo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan concreta y amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso. Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando “Dios sea todo en todos” (1 Cor 15,28).
De este modo, las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, sino incorporadas a un destino de plenitud en Cristo.

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