La celebración celebra su centenario.

En el último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

Jesús mismo se declara Rey ante Pilatos en el interrogatorio a que lo sometió cuando se lo entregaron con la acusación de que había usurpado el título de ‘rey de los judíos’. «Tú lo dices, yo soy rey. Pero mi reino no es de este mundo», añade. En efecto, el reino de Jesús, el reino de Dios nada tiene que ver con los reinos de este mundo, aunque se manifieste en este mundo. El reino de Jesús es el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y de la paz. La ‘verdad’ que Cristo vino a testimoniar en el mundo es que Dios es amor y llama a la vida para participar de su amor. Toda la existencia de Jesucristo es relevación de Dios y de su amor, mediante palabras y obras. Esta es la verdad de la que dio pleno testimonio con el sacrificio de su propia vida en el Calvario.

La cruz es el ‘trono’ desde el que manifestó la sublime realeza de Dios Amor: ofreciéndose como expiación por el pecado del mundo, venció el dominio del ‘príncipe de este mundo’ e instauró definitivamente el reino de Dios.

Celebrar a Cristo como Rey de la humanidad suscita en nosotros sentimientos de gratitud, de gozo, de amor y de esperanza. El Reino de Jesús es el reino de la verdad, del amor, de la salvación. Él nos ha librado del reinado del pecado, de las fuerzas que nos esclavizan y del poder de la muerte.

En este año del Jubileo, donde el propósito es ser un peregrino de esperanza es un tiempo para la reflexión, la renovación espiritual y la acción de gracias. Se trata de una oportunidad para vivir la esperanza en medio de las dificultades, renovar la fe a través del perdón y la conversión, y ser ¨levadura de genuina esperanza¨ en los que nos rodea, promoviendo la dignidad de las personas. La meditación se centra en la conversión, reconciliación, perdón y testimonio cristiano.

Finalmente, en la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares y ambiente. ¡Viva Cristo Rey!… Y su Amor sea nuestra ley.

Prensa: Acción Católica de Venezuela

Deseo que cada uno de ustedes pueda sentir la alegría de decir: “También yo soy rey con Jesús”. Soy rey, soy un signo viviente del amor de Dios, de su compasión y ternura.

Papa Francisco

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