Creo que esta Semana Santa nos ha dejado una experiencia excepcional para comprender la Iglesia como Comunidad Viva en torno a Jesús y no un edificio de piedra, administrado por el clero. Al cerrar prácticamente casi todos los templos por la cuarentena, hemos redescubierto que la Eucaristía y la Pascua se celebran donde hay dos o tres reunidos en su nombre, en el hogar, en la vecindad, aun en la distancia donde hay una comunidad virtual configurada a través de las ondas y llena del Espíritu de Dios. A Dios no se le adorará “Ni en este monte, ni en Jerusalén”, como le dijo Jesús a la Samaritana”. Los monumentos espectaculares, la competencia artística de imágenes, la orfebrería eucarística, las procesiones y espectáculos religiosos, y hasta la Iglesia electrónica, mal entendida, han contribuido a desfigurar la imagen de la Iglesia como comunidad de vivientes y a Jesús de Nazaret, el Cristo Vivo, como nos recordó nuestra poetisa latinoamericana Gabriela Mistral. Revivamos sus versos olvidados, entre el mármol, el incienso y los oropeles.

LA IMAGEN EQUIVOCADA. Verso a Jesús Vivo [Gabriela Mistral]

¿De qué quiere Usted la imagen? Preguntó el imaginero:

Tenemos santos de pino, Hay imágenes de yeso, Mire este Cristo yacente, Madera de puro cedro, Depende de quién la encarga, Una familia o un templo, O si el único objetivo Es ponerla en un museo.

Déjeme, pues, que le explique, Lo que de verdad deseo.

Yo necesito una imagen de Jesús El Galileo, que refleje su fracaso intentando un mundo nuevo, que conmueva las conciencias y cambie los pensamientos, yo no la quiero encerrada en iglesias y conventos. Ni en casa de una familia para presidir sus rezos, no es para llevarla en andas cargada por costaleros, yo quiero una imagen viva de un Jesús hombre sufriendo, que ilumine a quien la mire el corazón y el cerebro.

Que den ganas de bajarlo de su cruz y del tormento, y quien contemple esa imagen no quede mirando un muerto, ni que con ojos de artista sólo contemple un objeto, ante el que exclame admirado ¡Qué torturado más bello!.

Perdóneme si le digo, responde el imaginero, que aquí no hallará seguro la imagen del Nazareno.

Vaya a buscarla en las calles entre las gentes sin techo, en hospicios y hospitales donde haya gente muriendo, en los centros de acogida en que abandonan a viejos, en el pueblo marginado, entre los niños hambrientos, en mujeres maltratadas, en personas sin empleo. Pero la imagen de Cristo no la busque en los museos, no la busque en las estatuas, en los altares y templos. Ni siga en las procesiones los pasos del Nazareno, no la busque de madera, de bronce de piedra o yeso, ¡mejor busque entre los pobres
Su imagen de carne y hueso!

Lic. Manuel Díaz M.
Dpto. Espiritualidad

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