Apostolado

«RENDIRSE ES PECADO MORTAL»

En los últimos años he tenido que generar una actitud que me ha permitido crecer y madurar. No son pocos los sufrimientos, frustraciones y golpes que he vivido de manera personal y con otras personas. Hoy los psicólogos han llamado resiliencia a la actitud de sobreponerse a periodos de dolor emocional y situaciones adversas. Es la capacidad de adaptarse y superar la adversidad y que a su vez requiere tiempo y esfuerzo. La resiliencia es como rebotar de una experiencia difícil para llegar más alto.

Los obstáculos y los problemas muchas veces no faltan en la vida. Y no es por ser pesimista sino es tener un poco de realismo: separaciones, calamidades, enfermedades, frustraciones, pérdidas o sufrimientos no son ajenos a nuestra existencia.

La resiliencia es una virtud que en el mundo familiar y profesional se necesita de manera especial. Hoy vivimos en un mundo en donde los escenarios cambian permanentemente, los desafíos a veces son fuertes e intensos, tenemos graves situaciones de estrés y tensión emocional que si no sabemos manejar nos pueden llevar a perder el control de nuestra vida o a volvernos vulnerables a otro tipo de enfermedades.

A veces nos pasa a nosotros también (como Jeremías): querer “tirar la toalla” y abandonar la misión.

Dios nos encarga. Ella se nos hace muy pesada y difícil. Como Jeremías somos injuriados y perseguidos por su causa y hasta nos han “amenazado de muerte”. Es ahí cuando Jesús nos dice: “No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma”.

En estos momentos difíciles que vivimos los verdaderos cristianos tenemos que vencer las dificultades y no atemorizarnos ante las persecuciones que nos pudieran venir a causa del Reino del Padre. Necesitamos fuerza y sabiduría para no “saltar la talanquera” y claudicar de nuestros principios por causas mezquinas y egoístas. “Al que me niegue delante de los hombres, yo lo negaré delante de mi Padre”. Amén

Aprender a ser resiliente nos lleva a madurar, a crecer como personas y especialmente a generar relaciones donde podamos ayudar cuando los demás necesiten de nuestro servicio y solidaridad en el trabajo o la familia.

Finalmente, cito una frase de San Bernardo muy propia en estos tiempos que no son nada nuevos para nosotros, pero si aleccionadores.

¨En medio de tus peligros, de tus angustias, de tus dudas, ¡Piensa en María, Invoca a María! ¨.

Manuel Díaz M.
Dpto. Espiritualidad
Consejo Central.

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