Encontrarnos con un Dios que acompaña, levanta y perdona siempre.

 

Cada año, los católicos (y muchos cristianos) conmemoran el inicio de la Cuaresma, un tiempo especial de preparación antes de la gloriosa celebración de la Pascua. Es una parte esencial del año litúrgico, aunque a veces, puede ser un poco confusa.

El Miércoles de Ceniza marca el comienzo de esta época especial para el despertar en nuestra vida espiritual. Su nombre deriva de un antiguo rito en el cual a aquellos que empiezan su práctica cuaresmal se los marca con ceniza en la frente. Estas cenizas provienen de las ramas de olivo quemadas durante la celebración del Domingo de Ramos del año anterior.

¿Qué simboliza la ceniza que recibimos al comenzar la Cuaresma? ¿Qué invitaciones nos hace la partida de Jesús al desierto a la vida de cada uno?

Creo que la experiencia más humana y más consoladora a la vez, pasa por reconocer delante de otra persona nuestra fragilidad y debilidad y experimentar el perdón y el abrazo del otro.

Recibir la ceniza es manifestar públicamente la voluntad de convertirse. Eso sólo puede pasar por la humildad. No humillación, sino humildad como la capacidad de hacer en nuestra vida, de reconocer que no siempre llegamos a todo, de reconocernos necesitados de otros y de Dios.

Esta invitación hoy, una vez más, es a encontrarnos con un Dios que acompaña, levanta y perdona siempre.

El término tradicional para la integración personal es Ayuno (que significa por supuesto mucho más que disciplina en la comida y en la bebida). Compartir con los demás se llama Limosna (significado más que repartir dádivas), y para nuestro enraizarnos en Dios, el término es Oración (que significa mucho más que plegarias). Ayuno, limosna y oración son las tres formas de alinearnos a nosotros y a nuestro mundo con los designios de Dios, los tres caminos juntos confluyendo en la alegría de la Cuaresma.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos, sólo Dios sabe cuándo. La imposición de las cenizas nos lo recuerda, principio y fin, alfa y omega, de nuestra vida, estamos de paso. Entonces mientras estemos, hagamos una vida recta, sana y solidaria. Por ello, en esta Cuaresma, hagamos un compromiso, ser mejores y hacer buenas obras. Mucha gente está esperanzada con sus hermanos cristianos, no los defraudemos, demos alegría a los que viven acompañado de la amargura, demos esperanza a los que parecen desfallecer, oremos por los enfermos, ayudemos al que necesita, las actitudes cristianas nos ayudarán a parecernos más a nuestro hermano Jesús.

Finalmente, nuestra conversión, nuestra penitencia, nuestras buenas obras de este tiempo litúrgico, serán una hermosa y gratificante adhesión a Jesucristo.

Una idea en “CUARESMA: «TIEMPO DE CONVERSIÓN»”

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